Buscanos en Facebook
Colectivo
-
Entradas recientes
- Foro de Jóvenes y Ciudadanía en Rosario
- Cierre del curso de Formación Dirigentes 2010 en Misiones
- Taller de conocimiento y sensibilización sobre trata de personas en Clorinda
- Semana de acciones contra violencia y la trata en Clorinda
- Secretaría de Cultura de la Nación declara de interés cultural el Curso MAPAS 2010
Categorías
- Actividades del Colectivo
- Audios
- bienvenidas
- boletín
- caminos abiertos y acción colectiva (4 ruedas)
- campaña de formación
- comunicación
- comunicados
- conflicto campo
- conflictos
- construir poder
- curso
- Distribución de la riqueza
- Dossier
- Editoriales
- elecciones
- escenario político
- ESCUELAS DE CIUDADANÍA
- Espacio NOA
- Fichas
- fundamentos pedagogicos
- hegemonia compleja
- información
- jaulas o aulas
- kioscos guetos corrales
- Lexico
- ley de servicios de comunicación audiovisual
- materiales
- Medio medios
- néstor borri
- Noticias
- Pedagogía
- qué bárbaro
- Seminarios Formación Política
- tips y trips pedagogia
- trabajo
- tripaletra
- videos
mayo 2012 L M X J V S D « dic 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31
Archivo de la categoría: conflicto campo
BIENVENIDOS LOS LÍMITES – 3 de 6
Bienvenidos los límites
Parte 3 de 6

Ilustración: REP / Mural por el Bicentenario (detalle)
4. Brechas y límites (I)
Los límites que quedaron a la vista, abruman un tanto pero son constitutivos de cualquier situación real, aparecen desordenados y… no son pocos.
Ordenarlos bajo alguna comprensión eventualmente servirá para actuar sobre ellos. Proponemos tres manojos-polígonos de límites –que delimitan brechas sobre las que intervenir–.
a. La brecha de construcción de sentido (mediática, pero no sólo mediática)
5 cuestiones:
1. Los medios de comunicación son un actor al tiempo que constituyen una buena parte de las arenas del debate y de los ingredientes y las reglas de juego sobre el mismo. Como parte de los sectores del poder económico, reacomodan sus alianzas con otras fracciones de los mismos y frente al poder regulador del Estado. La ley de radiodifusión pendiente, la vigente (de la dictadura) y las diversas transacciones y arreglos de los gobiernos democráticos (incluido este) nos ponen frente a un núcleo duro de la construcción de poder en nuestra sociedad. Poder fáctico y capilar a la vez. Poner en escena (nótese la paradoja que implica “poner en escena” a los que “administran” la escena-agenda) qué clase de actor y cuáles alianzas tienen hoy los medios de comunicación y cómo se juegan sus dinámicas en términos de modelo económico y de poder político, aparece como una tarea central y unos datos fundamentales a tener a la vista.
Los modos en que hoy producen consenso – sentido común – y visibilidad tienen muchos componentes clásicos pero también novedades a tener en cuenta: lo que otrora era Neustadt, luego Grondona, hoy día parece desplegarse en guiños e intervenciones de quien relata los hechos (movilero) o comenta las noticias (presentador) (6). Sin olvidar los caminos de reencarnación de Doña Rosa (lo que antes se le hacia decir a ella, ahora lo dice ¡Carrió!. Por ejemplo). Géneros discursivos, dispositivos de enunciación, estrategias de construcción de esa sinfonía de imágenes y señales que hacen emerger una verdad al mismo tiempo que eliminan la posibilidad de discutirla. Otro dato: en los inicios de la democracia, la radio era un ejemplo de pluralismo informativo. Ver (escuchar) hoy día el dial muestra la enorme dificultad para encontrar alguna diferencia en ese homogéneo espectro.
2. Información estratégica. La del tiempo real y de los hechos; la de los actores intervinientes, sus historias y estrategias; la de lo que está en juego en las medidas y propuestas. La que plantee qué se puede o podría hacer si es que se quiere apoyar u oponerse (y si acaso hay algo más que eso para pensar y hacer… en todo caso, aquí hay un déficit mayor).
La disponibilidad de información apropiada para interpretar esta etapa del país, por parte de los actores que puedan contribuir a ampliar la legitimidad de un proceso de inclusión y desarrollo, se muestra tan escasa como imprescindible, tan valiosa como dispersa.
De alguna manera –para sectores restringidos pero con su llegada, al fin– el sistema de medios públicos, más precisamente Radio Nacional, más el diario Página/12 y algún otro componente, han actuado como partes de un “órgano” para canalizar otro tipo de información. Gramsci planteaba que un periódico puede asumir la función de “partido”. Qué bueno que lo tuvimos. No alcanza, sin embargo.
Sin duda, al gobierno le faltó aportar información estratégica y también estrategia de información. Es una carencia. Se repite también en la “esfera” de los actores del campo popular. (7)
Los “qué”, los tópicos de la información, los cómo (géneros, estrategias discursivas), los canales y circuitos, los cuánto y los cuántos (comunicar-informar en tiempo y forma): componentes todos ellos de unas estrategias pendientes y a construir colectivamente.
Tarea que vale y es necesaria para la información masiva a toda la ciudadanía y también para el ámbito más especializado o restringido, para sectores de acción social y política más directa. Constituir un mejor circuito de información, una “sub-esfera pública” entre actores institucionales, y una estrategia común por parte de –al menos– una parte de este conjunto de actores hacia la ciudadanía en general.
Un comentario aparte merecen algunos programas políticos de cable y blogs: quizás son una novedad de este tiempo, al menos para públicos más restringidos, pero la blogósfera todavía parece ser en nuestro país un circuito más cercano a la cofradía que a la comunidad, y más proclive a la “opinación” que a la reflexión (8).
3. Un horizonte fundamental: sentido común e inteligibilidad de los conflictos y las luchas. La presencia de los “intelectuales” plasmada con la conformación del Espacio Carta Abierta es un dato a celebrar. Al mismo tiempo cabe señalar el núcleo de lo que está en juego: no se trata tanto de si los intelectuales participan o no, sino –más bien– de qué inteligibilidad de los contextos, conflictos y confrontaciones –qué comprensión de las luchas– se puede construir. Inteligibilidad e intervención de los intelectuales son cuestiones sin duda relacionadas. Pero no son lo mismo. Y la importante es la primera. La segunda aporta a aquella, pero NO LA GARANTIZA.
La relación entre consistencia de la información, amplitud de los circuitos, calidad de los debates y construcción de sentido para diversos frentes y escalas de acción, la construcción de relatos “encadenados”, son diferentes planos a enganchar –como se dijo– en una estrategia: en cada uno de ellos hay cosas que hacer. Reconciliar, conectar y poner “en sinergia” información y sentido. Por otro lado, “sentido que sostenga y acción que convoque y dispositivos organizativos que canalicen” es tarea desafiante y a ser reinventada. Lucidez, comprensión, opinión (hubo, hay, demasiada más opinación que opinión, perdón por la insistencia), toma de posición e involucramiento: una secuencia a sostener y de orden no unívoco. En ese sentido, un circuito con sus propios trayectos pero con la necesidad de todas sus estaciones.
Si no fuera a que suena a coartada retórica, diríase que es lo que otrora se llamaba batalla cultural.
4. Sentido, símbolos y representación. En un punto, la representación política misma se construye con símbolos y se sostiene en la construcción de imágenes, de discursos, de significados. Hablando de los signos, en una taxonomía conocida por semiólogos y comunicólogos, Charles Peirce señalaba tres modos de relación de lo que representa con lo representado: los íconos, los índices y los símbolos.
El tipo ícono se parece en “imagen”, en “espejo” a aquello que representa. Los medios –la TV sobre todo, pero también la radio con la edición del habla y el comentario popular, y aún los periódicos con la puesta en página del sentido común de los argumentos– construyen representación así: una para-representación, si se quiere. Una imagen (que se dice) “fiel” de “la gente”.
Un índice funciona por contigüidad, representado la parte por el todo, conectando así, remitiendo, con una forma parcial de la presencia, con la materialidad y mucho con el cuerpo. Significa, representa “estando allí”: de cuerpo presente en el espacio público, “los productores” con su ejercicio –exitoso por cierto, o al menos eficaz en relación a sus fines– de representar a “todo el campo” y de ahí a “toda la patria”, lograron constituirse en un “índice” de toda la población (Así, “lo que le/nos pasa al campo es lo que nos pasa a todos”).
El gobierno comunicó con símbolos: esa clase de signos que conectan representante y representados a través de reglas y argumentos.
Lección posible de esta digresión semiótica: es probable que necesitemos desarrollar una acción política democrática con más íconos e índices. Los argumentos y la discursividad “racional” no alcanzan. Aclarando: quien escribe es un admirador confeso y celebra ampliamente lo que la capacidad de argumentación de la presidenta aporta a las posibilidades de la democracia y la política en esta etapa. (9)
Lo mismo, dicho en otra clave: Buena plataforma ideológica, discurso impecable. Hace falta, sin embargo, construir al nivel de la hegemonía. El discurso gubernamental aporta al momento un excelente componente ideológico-discusivo. La ideología es lúcida, actúa arriba, en lo explícito. La hegemonía es pícara, y actúa al fondo. Y a fondo. (10)
5. Pistas de acción:
- La ley de radiodifusión: es una próxima (empezó ya, en verdad, durante la secuencia del “campo”, sin duda, y la tiñó sin explicitarse) batalla. Fundamental. Pero toda ley amerita sus “trampas”: activar desde ahora lo que la ley –las reglas permiten– y un poco más. En términos de comunicación, permítasenos la licencia, todo es trampa. De manera que vale la lucha por la ley, siempre y cuando no se espere de ella más de lo que puede dar (11 ).
- La necesidad de combinar una estrategia de comunicación de la política pública más amplia, con el fortalecimiento y la renovación del sistema de medios públicos y una estrategia compartida, amplia, multiactoral y explícita de comunicación.
- En términos de circulación de discurso, información y representación, construir una interpretación más unificada, más rigurosa y más significativa de la etapa de la que se viene y de las posibilidades/implicancias de lo que está en juego en ésta y la próxima (12 ), y plasmarla en una estrategia comunicacional-formativa-de opinión-sensibilización amplia y de mediano y largo alcance.
- Prioridad y urgencia de gestos y acciones (siendo el gesto la acción en cuerpo, interacción y cercanía con el mundo popular) que resignifiquen la acción de gobierno tocando la cotidianeidad popular. Desactivando esos nudos donde el malestar –por ejemplo el de los terratenientes– pudo conectar y conectarse con una cadena de situaciones, carencias, postergaciones y lejanías de la acción de gobierno respecto a las necesidades sentidas y urgentes de la mayoría de la población. Con un agregado: no se trata solamente de lo que “haga la presidenta” –importante, sin duda– sino de cómo “haga” esto la política pública y un elenco mayor de interlocutores con la opinión pública y la ciudadanía en general.
- Hacer carne “la distribución de la riqueza”: gran cuña y logro de puesta en la agenda de los medios y en la agenda política más en general; buen saldo de este conflicto con el campo. Para no perderla, hacerla carne y toque, medidas y hechos, historia e implicancia, en múltiples discursos que puedan interpelar más y a más actores. Distribuir –aunque parcialmente– y que se sienta, para que tenga sentido y se sienta de qué se habla cuando se habla de distribución. Las medidas sobre las jubilaciones y el Consejo del Salario van claramente en esa dirección. Para completar esa “encarnación”, hace falta una “batería” que llegue al territorio, a sectores claves, a cuestiones clave (v.g.: los trenes).
A veces los verbos le dan sentido a los sustantivos (abstractos) y los hechos son las mejores palabras. Lo que se vive es lo que se comprende, y lo que se concreta y organiza lo que se espera. Sólo una distribución diferente de lo que se puede esperar (de las expectativas) es lo que puede sostener el sentido de una larga lucha que habrá que dar por otra distribución de la riqueza y otra matriz distributiva en el país. Si el discurso y la agenda habilitan la cuestión distributiva, excelente. Ahora bien, hay que jalonar con hechos y trayectos de hechos lo que el discurso habilita. Las palabras son cosas. Pero, a la hora de las disputas las cosas son palabras.
Néstor Borri / nestorborri@nuevatierra.org.ar *
7. Nicolás Casullo, entre otros, ha publicado con mucho prematuro reflejo valiosas y adelantadas reflexiones sobre estos dispositivos mediáticos de construcción/mixtura de verdad-realidad-opinión.
8. Ver subnota sobre circuitos.
9. Con las debidas excepciones. Ver, por ejemplo, http://labarbarie.com.ar, http://artepolitica.com y otros…
10. Ver el artículo de José Pablo Feinmann, “El logos de Cristina”, en la contratapa del diario Página/12 del 30 de marzo de 2008. (http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-101533-2008-03-30.html)
11. Como plantea Raymond Williams: “Porque la hegemonía supone la existencia de algo que es verdaderamente total, que no es meramente secundario y superestructural, como el débil sentido de la ideología, pero que es vivenciada con tal profundidad que satura a la sociedad con tal magnitud, y que, como lo expresó Gramsci, constituye incluso la sustancia y los límites del sentido común para la mayoría de las personas influenciadas por su oscilación, que corresponde mucho más claramente a la realidad de experiencia social que a cualquier noción derivada de la fórmula de base y superstructura”. Raymond Williams, “Base and Superstructure in Marxist Cultural Theory” en Problems in Materialism and Culture: Selected Essays, London, Verso, 1980, p. 37. Citado por John Higgins, Raymond Williams. Literature, marxism and cultural materialism, Routledge, London, 1999, p.113
12. En este sentido, un desafío es tomar, por ejemplo, los 21 Puntos para una Ley de Radiodifusión para la Democracia –que la Coalición homónima plantea para la nueva ley– y preguntarse, recorriéndolos, qué se puede hacer desde ya: más allá y más acá de la ley.
* Coordinador del Colectivo Ciudadanía. Director de Formación del Centro Nueva Tierra.
DEJANOS TU COMENTARIO
www.mapas-ciudadania.blogspot.com
PROXIMA ENTREGA: 17/10/2008
versión completa del material en:
www.ciudadania.org.ar
Publicado en Dossier, Fichas, conflicto campo
Deja un comentario
Comunicación, conflictos y construcción de ciudadanía: LA HISTORIA INVITA
Por Néstor Borri *
En aquellos espacios de trabajo en los cuales desarrollamos instancias de conversación y debate, el llamado “conflicto del campo” obligó a corrernos de las claves en las que trabajábamos y a abrir otras. Nos obligó, sino a desviarnos, a profundizar.
También permitió articular conversaciones que estaban sesgadas. Sin dudas este conflicto modificó nuestras conversaciones e impuso nuevos temas.
Existe un añoso dicho en la cultura política y organizativa argentina: “La organización vence al tiempo”. Es una expresión que dice mucho de nosotros, pero también de esta interesante época que nos toca. Los chinos tienen una maldición: “Ojalá que toquen tiempos interesantes”, dicen. Y estos tiempos interesantes que nos tocan vivir cuestionan incluso esas frases sacrosantas y les dan nuevos sentidos. A veces no resulta tan saludable que las organizaciones venzan al tiempo. Porque las organizaciones que siempre vencen al tiempo son aquellas que no se dejan tocar, abrir e interrogar por él.
Tenemos actualmente la oportunidad de dejarnos interrogar por el tiempo y por la historia. Podemos dejarnos interrogar por lo que acontece y por lo que se cuenta. Esto nos permite, entonces, reflexionar sobre contarnos quién y contarnos qué: ¿Quién es el “nosotros”? ¿Quién cuenta a quién? ¿Qué es lo que hemos de contarnos?
La oportunidad de relativizar
Estar ante el desafío de contar el conflicto significa, entre otras cosas, relatarlo, lo cual nos lleva inmediatamente al ámbito de la comunicación. Y relatar un conflicto es transformarlo en una narración. Y cuando ponemos los hechos en una narrativa y los transformamos en una historia, éstos se relativizan.
Un amigo que viajó mucho por América Latina y trabajó en distintos países sostenía que “depende” es la palabra más latinoamericana del idioma castellano, y particularmente entre los sectores populares. Cuando nos ubicamos allí donde están los sectores populares (en una organización, con los campesinos, en un barrio) siempre vamos con una propuesta. Vamos y contamos una historia. Y luego le preguntamos: “¿Qué le parece?”. Y la persona contesta: “Depende”. Y en esa expresión hay una sabiduría fuerte. “Depende” es una evasiva, pero al mismo tiempo es una respuesta que da margen a quien contesta. Y a la vez es una contestación que lanza nuevamente el diálogo. “Depende” relativiza, y es allí entonces cuando precisamos dar otra vuelta de tuerca a la conversación.
¿Qué es lo que relativiza esa respuesta? Relativiza el poder. Cuando una persona contesta “depende” a una propuesta, un argumento o a una versión de las cosas, en realidad dice menos sobre ese relato que sobre las relaciones de poder que en la comunicación se plasman. Y lo hace porque las quiere poner en otro nivel.
Entonces, en el mismo momento en que nos proponemos comunicar el conflicto y conflictuar la comunicación, debemos decir “depende”. Decirlo implica relativizar y poder cambiar el estándar de las relaciones y de los vínculos. Relatar, relativizar, relacionar y cambiar los vínculos; es decir, hacer una narrativa, matizar las opiniones, poder verlas desde otro lado y ponerlas en relación. Todas esas cosas implica ponerlas en historia. Y así volvemos: ponerlas en narrativa es también ponerlas en historia.
Dejarnos atravesar por la historia
El conflicto trae la historia a nuestros procesos de comunicación. Pero no sólo como relato, sino fundamentalmente como conversación en la que podemos tomar decisiones.
La historia no es sólo una secuencia de hechos. Esa sería una definición de historia vinculada a los libros o a la disciplina científica. El tiempo es historia cuando se abren posibilidades y hay exigencias de tomar decisiones; sino es sólo pasar. Como dice la canción de Eladia Blázquez: “No es lo mismo que vivir honrar la vida”. Y honrar la vida es abrirse a la historia y dejarse interrogar por ella, es reconocer que tenemos algo para decir y contar.
Y al mismo tiempo, honrar la vida es saber que la historia cuenta con nosotros. Y para ello necesitamos saber con qué contamos. Hay que tener algo para decir y para contar, una versión de los hechos. Hay que construir un relato de lo que nos pasa y pronunciar nuestro propio mundo y nuestra propia historia.
En los procesos de trabajo y de formación social y política que desarrollamos trabajamos frecuentemente con mapas. Y allí siempre sostenemos que un mapa no es tanto una orientación o una guía, sino una referencia del territorio. Un mapa es fundamentalmente un instrumento de poder, se inventaron para hacer algo con el espacio y con el territorio. Y eso debe servirnos para ubicarnos en nuestros propios tiempos y espacios. Los mapas nos permiten ver cuáles son nuestros recorridos, qué poder podemos ejercer y cómo el poder nos atraviesa.
El hecho de contar supone siempre otra expresión: “nosotros contamos”. Y eso implica simultáneamente contar un conflicto y conflictuar nuestros cuentos. Allí encarna una tarea de este momento histórico: aprovechar estas inflexiones donde se abre la posibilidad de tomar decisiones para dejarnos cruzar, para permitir no que el tiempo nos venza, pero sí que la historia nos toque.
Mirar más lejos
La historia nos interpela en este momento para buscar respuestas: ¿Cómo generamos comprensión desde los sectores populares respecto a lo que está pasando? ¿Cómo se conecta lo que dice la televisión con lo que pasa en nuestros bolsillos? ¿Cómo se vincula lo que pasa en Tucumán con lo que sucede en la pampa húmeda? ¿Cómo se relaciona lo que pasa en la Puna jujeña con el precio que China paga por la soja?
En ese desafío estamos y por ello resulta importante trabajar algunas pistas que articulen las estrategias y proyectos de comunicación con el momento histórico que atraviesa nuestro país. No sólo esta secuencia del “conflicto del campo”, sino la secuencia histórica más amplia, densa e interesante en la cual vivimos. Y a partir de allí pensar tanto los conflictos como una posibilidad para actuar y construir, como el sentido de la comunicación.
Nuestra labor debe contribuir a desplegar y clarificar la historia de relatos y relaciones que se presentan en la coyuntura nacional. Y en ese sentido, se trata de ensanchar. No podemos vivir con el tiempo histórico que marcan la radio, la televisión y los diarios. Eso es perderse en el tiempo, el espacio y los relatos de otros. No podemos extraviarnos en la cotidianeidad, aunque a veces no tengamos más remedio. Lo tuvimos que hacer porque nos pasamos varias décadas tratando de sobrevivir, estando a puro presente. Pero ahora tenemos la oportunidad de mirar más lejos, tanto sea hacia adelante como hacia atrás.
Salidas de la crisis y sectores populares
Para poner el “conflicto del campo” en una perspectiva más amplia debemos remontarnos hacia atrás, particularmente a la secuencia histórica que tomó forma más visible, cruda y dolorosa en torno a los sucesos de fines de 2001. Ese momento expresó una profunda inflexión y una gran crisis que se visibilizó, se contó y se reconoció como una catástrofe social.
Superamos esa catástrofe, y emergimos de las salidas que a ella se dieron. Hay un reconocimiento común respecto a que ya no estamos en ese escenario de catástrofe, más allá de las distintas interpretaciones que pueda haber sobre ello. Venimos de la vivencia de la crisis, pero también de la experiencia de las distintas salidas.
Y provenimos también de la sensación de que los sectores populares tuvieron un peso central, tanto en el momento de crisis y catástrofe como en las secuencias de salida. Podríamos decir “protagonismo”, pero eso podría matizarse. Decimos entonces que tuvieron un peso central, pero no fueron los únicos protagonistas. Y eso es muy importante, porque cualquier momento de verdadera inflexión no cuenta con un único protagonista. Si así fuera, no habría historia. Si la hay es porque existen varios protagonistas disputándose.
Es importante por ello ubicarnos en ese momento de inflexión que los sectores populares tuvieron, y en el cual no participaron sólo como víctimas. Cierto es que pusieron víctimas, a lo largo de los treinta años anteriores y durante esos días. Pero también tuvieron un rol importante, aunque quizás no el estelar. Porque las películas de la historia no las produce Hollywood. Entonces, no hay roles estelares. Hay participación, relaciones y conflicto.
Las brechas de oportunidad
Y retomando esa secuencia histórica podemos reconocer que nos encontramos ante una ventana de oportunidad, para nuestra sociedad, para nuestra familia y para cada uno de nosotros. Es preciso leer esto desde la propia vida personal, analizar los últimos años y compararlos con las épocas anteriores. Y desde lo vivido pensar, y reconocer que sentimos una oportunidad, algunos más y otros menos. Pero sobre todo que reconocemos un margen y una brecha de oportunidad, particularmente si comparamos con los duros años noventa, y más ampliamente si lo hacemos con el ciclo que comenzó desde la dictadura.
Y esto puede observarse a partir de un ejemplo concreto: si actualmente hay grupos y sectores que están pensando en cómo hacer comunicación desde las organizaciones sociales, y no solamente en cómo conseguir la comida de cada día –como sucedía años anteriores-, se evidencia entonces que la crisis se transformó en una ventana de oportunidad.
Pero también hay que reconocer que, por definición, una ventana de oportunidad siempre se está cerrando. Podemos estar contentos de contar con ella, pero debemos ser conscientes de que su duración no es infinita. La pregunta es, entonces: ¿Qué estamos haciendo para mantenerla abierta? En algún momento se cerrará y las ventanas en la historia no se abren dos veces. Por eso es necesario mantenerla abierta todo el tiempo posible.
Por otro lado, una ventana de oportunidad existe sólo si alguien la reconoce como tal. Si estamos con los ojos cerrados, no hay ventana de oportunidad que nos pueda ser útil. En definitiva, es preciso mantenerla abierta, pero también reconocerla y nombrarla. Y la manera de hacerlo es indagarnos: ¿En qué la podemos aprovechar? ¿Qué se ve a través de ella? ¿Qué se ve para nuestro futuro? Se trata de darle sentido a esa ventana, contarla y ponerla en perspectiva de la historia personal y colectiva.
Y hay que hacer un esfuerzo más, en tanto personas que tenemos un plus de oportunidad porque participamos en organizaciones sociales. Allí tenemos una ventaja y una oportunidad con la que no todos cuentan. Participar en esos espacios es un recurso muy importante.
Entonces, es preciso reconocer esa ventana, pero también plantear un escenario y unas estrategias. A esa ventana también podemos pensarla como una estructura de oportunidad, una noción que supone distintos elementos que se relacionan entre sí con un patrón medianamente reconocible en cualquier espacio. Por ejemplo, eso permite observar, en lugares tan diversos como Catamarca y San Miguel de Tucumán, una estructura común de oportunidades y así aprovecharlas mejor.
Dimensiones de la crisis y del conflicto
Y de las crisis y las salidas, de las catástrofes y las oportunidades, pasamos a esta situación conflictiva que vivimos en torno a la cuestión agraria –por nombrarla de alguna de las tantas maneras en que se la llama-. Pueden reconocerse en este conflicto algunos ejes vinculados a tres dimensiones de la crisis y de la secuencia histórica que se abrió tras 2001.
La primera de estas dimensiones está centrada en el plano económico, aunque más precisamente tenga que ver con los modos de producir, acumular y distribuir riqueza. En 2001 esta dimensión aparecía relacionada al “corralito”, los planes de asistencia social, la convertibilidad, la dolarización y la devaluación. El debate era si seríamos un país con eje en lo financiero o en lo productivo. Y en el conflicto que vivimos actualmente también está presente ese tipo de debates, pero en otra modulación. Ahora la cuestión es: ¿Quién se queda con la renta extraordinaria de la exportación de los alimentos? ¿Qué se hace si acordamos que se puede extraer parte de esa ganancia e invertirla en otro ámbito? ¿Qué hacemos socialmente con eso?
También la dimensión de la representatividad estaba en juego entonces y lo está actualmente. A fines de 2001 se dio en forma de una gran impugnación: “Que se vayan todos”. Y ahora resulta interesante que hay muchos actores, algunos más jóvenes y otros más viejos, que provienen de distinta clase. ¿Quién representa a quién? ¿Quién representa a los productores? ¿Quién a los pequeños y quién a los grandes? ¿Quién representa al pueblo? ¿Es el pueblo el que está en la calle? ¿Son las entidades? ¿Es el gobierno? ¿Son los partidos políticos? ¿Son los movimientos sociales? ¿Qué papel cumplimos nosotros allí? ¿Es la tele la que representa a la gente y la gente al pueblo? Estos interrogantes los apreciábamos en 2001 y también están presentes ahora. Interrogantes sobre la representatividad en todo sentido, pero en particular sobre quiénes son los dirigentes y cuál es la representatividad política, sobre quién legítimamente puede tomar decisiones políticas que afectan, deciden y configuran el modelo de acumulación.
Y por último hay una tercera dimensión, más sutil, que puede verse entre líneas: una crisis sobre las reglas de juego, eso que técnicamente suele denominarse “régimen”. Se trata, en definitiva, de crisis en las reglas de juego: ¿Quién tiene derecho a reclamar? ¿Cómo se reclama? ¿Quién tiene derecho a ganar más? ¿Quién tiene la palabra autorizada? ¿Cómo hay que hacer para protestar (cómo hay que vestirse, de qué color, de qué forma hay que hablar, cómo tienen que ser los carteles)? Pueden parecer cuestiones anecdóticas, pero detrás de ellas hay largas historias acerca de cómo son las reglas de juego y quién decide lo que es legítimo en el fragor de la disputa.
Conflictos, escenarios y comunicación
En estas tres dimensiones es posible reconocer pistas y posibilidades de un nuevo ciclo de la vida social y política del país. En líneas generales, podemos sostener que hay un ciclo prácticamente acabado -o que al menos cambió profundamente su legitimidad y podemos dejarlo atrás-. Más susceptible de discusión es si somos capaces de hacerlo. Porque para que un ciclo de la historia se cierre, hay que abrir otro. Y eso es relativo, pues depende de con qué cosas contamos: si contamos con cada uno de nosotros, si podemos articular un relato sobre un nuevo ciclo, si podemos tomar decisiones.
Tanto a fines de 2001 como en la actualidad estábamos en condiciones de ver pistas y posibilidades de la vida social y política de nuestro país. Porque el conflicto da forma a los escenarios, constituye los actores y orienta las luchas, aunque muchas veces creamos que es al revés. Es el conflicto quien arma el escenario y define cuál es el contorno hasta el cual se extiende la disputa. Aunque en muchas oportunidades creamos que son los actores quienes plantean los conflictos, resulta interesante pensarlo a la inversa: si no hay conflicto, no hay escenario. Es el conflicto quien define a los actores, sus cercanías y distancias.
En el actual conflicto podríamos reconocer muchos actores: las cuatro entidades del campo, el gobierno, los sectores políticos, la oposición, las organizaciones sociales, la ciudadanía en general. ¿Qué hace falta entre tanta enumeración? Es necesaria una palabra que contribuya a ordenar, un mapa que ayude a transitar y encontrar dónde ponerse y cómo orientarse.
De la resistencia a la propuesta
Estamos en momentos de inflexión y de cambio, anclados en ese tiempo largo desde 2001 hasta la actualidad. Resulta entonces importante pensar, particularmente en esta secuencia vinculada al “conflicto del campo”, cómo dar algunos pasos necesarios.
Muchas organizaciones vienen de prácticas centradas en lo micro y ancladas en el territorio y en lo local. Prácticas llevadas adelante en clave de resistencia y de demanda. Prácticas y objetivos vinculados a la supervivencia, a sacar adelante a los más jóvenes, a llegar a fin de mes. Y muchas veces ni siquiera a eso, porque “fin de mes” es una expresión importante en las sociedades en que hay salarios, pero donde estos no existen es un momento más del calendario.
Y numerosas organizaciones vienen también de prácticas desde afuera del Estado o, al menos, sin elementos institucionales fuertes. Y muchas veces contra el Estado, o a pesar del Estado. Con distintos nombres y modalidades, muchas provienen de ese tipo de prácticas, así se llamen populares, sociales, comunitarias o de la sociedad civil.
Pero ahora están desafiadas por un nuevo escenario, marcado por conflictos que plantean tareas en varias escalas (nacional e incluso latinoamericano) También están desafiadas por la necesidad de tener propuestas y estrategias consistentes. Ya no es suficiente resistir, hace falta algo más. No se trata de dejar de resistir, pero no basta con ello. Porque se han abierto brechas, y ante eso hay que contar con propuestas y estrategias significativas. La mejor manera de neutralizar a muchas organizaciones es decirles: “Vengan, colaboren y hagámoslo juntos”. Y no es culpa de ellas, pues tiene que ver con la historia y el escenario de resistencia en que se han formado.
Estrategias para distintos ámbitos
Estamos además ante otra situación paradójica: esas organizaciones han generado con sus luchas más oportunidades de las que son capaces de asumir. La brecha de oportunidad es grande y se ha abierto por esas luchas. No sólo por ellas, pero en gran medida por esas luchas. Pero la brecha es más grande de la que puede asumirse.
¿Qué desafío entraña esta situación? Si antes reconocíamos prácticas orientadas a la supervivencia, ahora estamos ante el desafío de desplegar prácticas orientadas a construir ciudadanía, poder social y organización popular, a formular y desarrollar proyectos de país. Ese suele ser un reclamo muy asiduo y sencillo –“no hay proyecto de país”-, pero ahora está la oportunidad y es preciso tener la valentía de formularlo. Y en paralelo a esta cuestión, también está el desafío de trabajar con capacidades estatales, económicas y sociales y de tener actores y estrategias en todos los ámbitos.
Durante muchos años se sostuvo que el espacio de las organizaciones era la sociedad civil. La economía, los factores políticos y sobre todo el Estado eran los malos. Eso generaba que las organizaciones se quedaran en lo micro y en lo comunitario, porque se suponía que ése era su ámbito y todo lo demás era denostado.
La catástrofe, la crisis y el conflicto nos traen la memoria de otros momentos de la historia en que los sectores populares se reconocieron en distintos ámbitos: no sólo en el ámbito de la sociedad civil, sino también en las organizaciones políticas, en los movimientos sociales articulados a gran escala, en la gestión estatal y en el espacio de la disputa económica. Ante esos nuevos desafíos nos encontramos.
Nuevos territorios, nuevos desafíos
También hay otro proceso que estamos atravesando: el conflicto se está corriendo desde el territorio a un espacio más amplio, pero fundamentalmente a un espacio más ajeno a muchas organizaciones.
¿Por qué muchas de ellas estaban solamente en el territorio? Porque no había trabajo, y ante eso su accionar se replegaba cada vez más hacia el barrio: los circuitos cotidianos y los lugares más vinculados a la subsistencia están enclavados en el territorio.
Ahora se abre un espacio más amplio. Se trata de un territorio de relaciones, un terreno político vinculado con ese gran espacio de lucha que es la puja distributiva. Y allí se vuelven importantes, entre otras cosas, la cuestión salarial, las condiciones laborales, los impuestos (en última instancia el debate sobre las retenciones es un debate sobre impuestos)
En ese marco, ¿dónde quedan aquellas prácticas territoriales? A priori no deberían quedar afuera de ese territorio de luchas distributivas, sino que muchas de ellas tienen un nuevo e interesante allí. Porque si este conflicto distributivo se da respecto a cómo se captan las ganancias extraordinarias, a cómo se organiza una estructura tributaria, a cómo se aplican retenciones, a qué pasa con la inflación o a cuánto valen los alimentos, eso también atraviesa las calles de pueblos y barrios, y tiene que ver fundamentalmente con el destino de los recursos estatales. Siempre hay políticas públicas, pero ahora la pregunta central es adónde van dirigidas y qué se hace desde las organizaciones para construir y forzar opciones en ese ámbito.
Entonces se reconfigura aquel lugar original, porque aparecen desafíos y espacios ajenos. O espacios difíciles de encontrar. Y eso es lo más importante: estar ante otros lugares, otros desafíos, otros temas que los de siempre. Y ante otras personas, otros colectivos y otras organizaciones que las de siempre.
La distribución de las legitimidades
Estamos en la puja distributiva por la riqueza y los ingresos, pero también es preciso preguntarnos acerca de cómo se reparten el poder y el reconocimiento. Porque el poder y los recursos se les asignan a aquellos que son reconocidos como legítimos de percibirlos. Y eso está muy vinculado a las estrategias de comunicación. La comunicación administra reconocimiento.
¿Cómo se conectan estas distintas cosas? Muchos actores están ante el desafío de dejar de ser denunciantes o espectadores y de superar la fragmentación. Están ante la oportunidad de proponer, gestionar y conducir, ante la ocasión de articular la organización. Y articular no es solamente construir redes. En la historia debemos apoyarnos para recordar que durante muchos años se han construido redes, al tiempo que teníamos cada vez más fragmentación. Es preciso darse el trabajo de analizar qué tienen que ver entre sí las prácticas de las distintas organizaciones, y en particular las prácticas comunicacionales.
Arenas, agenda y actores políticos
Puesto que el conflicto atravesado plantea una nueva agenda, es preciso entonces definir un esquema de tareas. ¿Qué tenemos para conversar respecto a esos temas? ¿Qué tenemos para debatir y confrontar? ¿Qué tenemos para proponer? Porque no es sólo una nueva agenda de temas interesantes, sino que es una agenda de temas de conflicto y, por lo tanto, de temas de lucha.
El conflicto también plantea nuevas arenas políticas. Esta expresión proviene del circo, aquella arena en la que peleaban los gladiadores. Muchas veces suele pensarse que la política tiene que ser una cosa elegante, de mucho diálogo y corrección. Pero la arena política es la del circo, aquella en la que se ponía el cuerpo y se tomaban riesgos. Entonces, ¿cuáles son esas nuevas arenas que se presentan? ¿Qué clase de riesgos somos capaces de tomar para luchar en esas arenas?
Y finalmente también nos encontramos con nuevos actores: ¿Quién hablaba hace unos meses de la Sociedad Rural? Y además ocurre que muchas organizaciones se transforman en tanto actores. Entonces, hay nuevos actores porque aparecen algunos en el escenario, pero también porque otros se ven desafiados a actuar distinto. Y allí lo que se juega no es tanto la identidad, sino lo que cada uno de ellos hace. El conflicto es una relación que crea sus términos. Cuando se involucra en él, cada actor se transforma individual, organizativa y colectivamente. Ahí se transforma la sociedad.
Ante eso, ¿qué hace la democracia? Pone el conflicto en el centro y postula que no se trata de cerrarlos, sino de abrirlos. Por eso la democracia es un régimen de transformación: un fundamento basal de su juego es que el conflicto debe estar abierto.
La distribución de la riqueza como debate
Podemos recorrer una lista de palabras vinculadas a los desafíos y preocupaciones de la actualidad: retenciones, campo, soja, agricultores, precios, paros, cortes, protesta, plaza, lock-out, gobierno, presidenta, ministros, Estado, gobernadores, campo, interior, trabajo, modelo, discursos, prensa, libertad de expresión.
Pueden compararse con los temas de agenda, las arenas de lucha y los actores de años anteriores: planes, barrios, comedores, desocupación, pobreza, organizaciones, redes, comunidad, gobierno, política, funcionarios, técnicos, privatización, neoliberalismo.
Apareció en los últimos tiempos una expresión no muy mencionada años anteriores: distribución de la riqueza. Hace diez años ése no era un tema de debate. Lo eran la pobreza, la desocupación, la asistencia, pero no la riqueza. Arenas diseñadas por otros, agendas planteadas por otros y muchos actores configurados para ese escenario. Y por eso se decía: “Hay que hablar sólo de pobreza”.
Un caso paradigmático fue el de una fundación benemérita, con la cual muchos hemos tenido contacto, cuya consigna era muy significativa: había que dejar que los pobres se ayudaran a sí mismos. Esa era su tramposa consigna de transformación, porque en nombre del empoderamiento y del protagonismo, ¿qué hacía con los pobres? Los dejaba solos. En el mejor de los casos, les decía como Moria Casán: “Si querés llorar, llorá”. O como Coca-Cola: “Seguí participando”. Pero había que arreglarse con la pobreza. Con la riqueza no había que involucrarse, porque la riqueza era de otros.
Y cuando aparece la distribución de la riqueza como tema de debate, es necesario preguntarse cómo fue apareciendo y cómo aparece hoy: ¿Cómo estaba oculta en el escenario? ¿Cómo fue creciendo? ¿Cómo fue apareciendo? ¿Cómo la fuimos trayendo otra vez a nuestra agenda? ¿Cómo se manifiesta hoy? ¿Qué significa hoy, en esta coyuntura, hablar de distribución de la riqueza? ¿La riqueza de quién? ¿Qué distribución? ¿Cuánta? ¿Para qué? ¿Cómo? ¿Con qué mecanismos? ¿Quién la pelea? ¿Quién la propone? ¿Quién la niega? ¿A quiénes? ¿A dónde nos lleva? ¿A hablar de qué cosas? ¿En qué lugares? ¿Con quiénes?
Nos permite hablar, por ejemplo, de modelo productivo, de sojización, de desabastecimiento, de lock-out, de políticas públicas, de incidencia. Temas que desde hacía mucho no hablábamos o de los que no hemos hablado nunca. Ante eso, ¿cuál es el desafío? Tratar de hacerse cargo de esta historia, aquella que nos indican nuestros temas de agenda y nuestras arenas de lucha. Nuestra historia como actores, de nuestras relaciones con otros y de las articulaciones que podamos crear.
Interrogarnos desde el conflicto
Y a partir de esos desafíos es necesario pensar el conflicto en tres claves. En primer lugar, el conflicto cruza y corta. Tenemos allí una primera pregunta: ¿Cómo el conflicto cruza y corta nuestros proyectos de comunicación, nuestras prácticas y nuestros mapas de actores? ¿Dónde se toca con nuestra vida personal, con la vida de nuestro barrio, de nuestro pueblo, de nuestra organización? Ahí donde cruza es que corta, y así traza una frontera. Es la frontera de la política, aquella del amigo – enemigo.
Puede resultar duro expresarse en esos términos, pero la política es eso. Solamente que en democracia al enemigo no se lo mata, sino que se lo vence debatiendo, con relato y con argumento. Y también se le gana con fuerza, poniendo el cuerpo.
En segundo lugar tenemos otra pregunta: ¿Qué cuestiona el conflicto? Y no acerca de los otros, de los malos, de los poderosos, sino ¿qué cuestiona de nosotros y de nuestras prácticas? ¿Qué nos interroga? ¿Qué interrogantes presenta a nuestras prácticas organizativas, comunicacionales, sociales y políticas?
Y en tercer lugar, ¿qué crea el conflicto? ¿Qué oportunidades de creación brinda? ¿Qué prácticas comunicacionales nos invita a construir? Las prácticas comunicacionales son la dimensión comunicacional de prácticas históricas. Entonces, ¿que oportunidad crea para nuestras organizaciones y para las distintas prácticas de nuestras organizaciones?
Contenidos desarollados en abril de 2008 en el encuentro de cierre del ciclo de formación Comunicación, organizaciones sociales y construcción de ciudadanía enmarcado en la iniciativa Contalo Vos (Dirección de Formación de Actores Territoriales – Ministerio de Desarrollo Social de
* Equipo Colectivo Ciudadanía. Director del Área de Formación del Centro Nueva Tierra.
Publicado en Fichas, comunicación, conflicto campo, conflictos, néstor borri
Deja un comentario
El rol del Congreso en la resolución democrática del conflicto por las retenciones móviles
Las organizaciones sociales firmantes, consideramos acertada la decisión del Poder Ejecutivo de someter al análisis del Congreso
El debate p
Pedimos a los/as legisladores/as que asuman su papel de modo responsable y g
Bajo estas condiciones, la solución que adopte el Congreso será el fruto del mayor debate social y político posible en un Estado de Derecho. Con independencia de la solución a la que se
ABUELAS DE PLAZA DE MAYO / ADC / ANDHES / APDH / CASADIN / CELS / CENTRO NUEVA TIERRA / COLECTIVO CIUDADANIA / COMISION PROVINCIAL POR
ADHIEREN:
MUNICIPALIDAD DE MORÓN
Las organizaciones y personas que deseen adherir pueden comunic
Publicado en comunicados, conflicto campo
Deja un comentario
BIENVENIDO CONFLICTO
grabados de Alfredo Benavidez Bedoya
Por Néstor Borri *
Bienvenido…
No todos los conflictos traen transformaciones. Pero no hay transformaciones sin conflicto. Los llamados al diálogo son valiosos. Pero sin confrontación no hay democracia. La idea de que racionalmente se puede gestionar una sociedad desigual es una fantasía no democrática. Y, muchas veces, antidemocrática.
No es menos cierto que una sociedad compleja requiere una combinación certera amplia y valiente de (con)frontaciones y consensos, de debates y embates.
Pero en todo caso, bienvenido conflicto. A pesar de todo. (Una vez escribimos aquí mismo: “no a la violencia, sí a los conflictos”. Hoy podemos decir: si al diálogo, no a la pretensión “licuar” de los conflictos)
No es un escenario fácil. Pero nos enfrenta a los límites (de tiempo, de los procesos, de la relaciones de fuerza, de los actores, de nosotros mismos, incluido el límite de saber quién es “nosotros” en el conflicto). Y, enfrentándonos a los límites nos pone frente a las posibilidades efectivas, reales. Frente a esa frontera de lo posible que, si de política se trata, de ética y de historia, hay que correr.
Que el eje distribución de la riqueza esté presente como un elemento en el debate -más allá de las posiciones de los actores y la disposición diferente a abordarlo en los hechos- es sin duda un signo de los tiempos. Dibuja algo del campo político y de la situación que vivimos. Bienvenido sea.
Definir el conflicto, pero conflictuando las definiciones. Re-definir y re-conflictuar: nombrar de nuevo para luchar otra vez. Tal la tarea política, social, ética, histórica que toca. A diferentes escalas, pero esa es, al fin.
Bienvenido conflicto. A pesar de todo.
Qué miradas, qué palabra, qué repertorios para hablar-analizar-intervenir en el conflicto
Obviamente no es fácil. Pero un abordaje de un conflicto tan “manoseado” y al mismo tiempo tan significativo, exige un esfuerzo extra si no se quiere agregar banalidad al debate o “desequilibrio en contra” a las relaciones de fuerza.
- El esfuerzo de verlo-nombrarlo-debatirlo-intervenir desde los intereses de los sectores populares, evitando las falsas dicotomías, superando el modo en que se configuran a primera vista las opciones y los actores. Desafío complejo, ya que justamente en la misma disputa hay que “ubicar” al pueblo y construirlo. No se trata de un actor “que ya está” y entonces, luego, actúa. Se trata de una acción en el conflicto que también es disputa respecto de “quiénes son y dónde están” (más aún, quiénes representan) el pueblo.
- La necesidad de verlo-nombrarlo-debatirlo-intervenir en perspectiva histórica y en la propia dinámica del conflicto, referenciándolo en la secuencia social, política, que vivimos, donde se juega el sentido comunitario de la política y de la sociedad para los próximos años. Saberlo historia, sentirlo proceso, hacerlo dinámica, entenderlo compromiso y sentirlo responsabilidad. Abrirlo historia, comprenderlo habilitante.
- La exigencia, obvia pero no sencilla de verlo con ojos, pensamiento y predisposición fuerte y marcadamente política, remontando las fuertes cosificaciones, simplificaciones y enredos que plantean tanto el sentido común -al que fácilmente todos tendemos- como la fuerte filtración y enrarecimiento de ese sentido común por parte de los medios de comunicación, que hoy son el engranaje central de las dinámicas de despolitización. Hacerlo, entonces, tarea más que protesta.
Aquí -y así- estamos. El aquí, el ahora y el nosotros que se recorta en el conflicto.
En una mirada que sume las perspectivas antes mencionadas, podemos decir que:
A partir de la secuencia abierta en 2001, la sociedad argentina y en particular los sectores trabajadores, desocupados, los pobres, pudieron intervenir en la relación de fuerza y en un escenario de ruptura entre las diversas fracciones dominantes, volcando relativa y parcialmente la balanza y aportando a que la salida de la crisis fuera tal, que presentara para nosotros una escenario más o menos favorable a pesar de las profundas asimetrías.
- En términos políticos, una salida democrática.
- En términos económicos, si bien una devaluación con una gran transferencia de recursos en desmedro de los sectores populares, predominio de un modelo más sesgado hacia lo productivo que hacia la especulación financiera.
- En términos de reglas de juego y consensos generales, se abrió una brecha en el consenso “duro” neoliberal, con una reentrada de la política, del rol del Estado, y un ánimo de recomposición de la comunidad política y social en un lenguaje no neoliberal.
En este marco, podemos decir que los sectores populares:
- Logramos abrir más oportunidades (sociales, económicas, políticas) que las que estábamos con posibilidades de asumir y aprovechar: conservamos la democracia, reinventamos el Estado, acotamos las posibilidades de criminalización de las protestas y la represión, abrimos la posibilidad y la exigencia de que el Estado -aunque sea parcialmente- se reconstituya como un actor. Reingresamos la política y el poder a la agenda.
- Tienen, tenemos, más fuerzas que las que se están utilizando: acá se manifiestan las serias dificultades de articulación, la fragmentación persistente, las herramientas políticas limitadas para intervenir en la conducción de los escenarios que se abren. Incluidos los límites de los liderazgos.
- Ante un escenario que combina un alivio respecto a la crisis-catástrofe de la que venimos, se perfiló una “ventana de oportunidad ” que tiende a mostrar sus límites (inflación, dificultades para la renovación política , reingreso de ideas del capital concentrado) , de manera que ciertamente necesitamos más fuerza de la que tenemos.
El primer punto supone unos márgenes que más o menos se conservan pero hay que ampliar. El segundo unas brechas que en todo caso urge achicar. El tercero unas exigencias que es indispensable atender. Sobre todo, un conjunto riguroso y flexible a la vez, de tareas colectivas.
Lo que se define en la discusión, no es lo que se está discutiendo.
La esfera pública, la consistencia de las conversaciones y debates que una sociedad puede darse está en juego y queda a la vista en este conflicto.
El mismo viene recortando además, en su desarrollo, todos los contornos de las relaciones y núcleos del poder y de las fronteras entre intereses y actores que se van constituyendo en esta etapa pos-catástrofe.
Quién discute, cómo discute, dónde se discute. Quiénes aparecen como intocables, impresentables, inaudibles o sordos.
“Lo” que se discute, sin embargo, no es equivalente a lo que está en juego en la discusión. Lo que está en juego es mucho más.
Estamos debatiendo y definiendo sobre:
- La legitimidad y los márgenes de posibilidades de la intervención estatal en la economía y en el mercado. Especialmente en relación a la renta extraordinaria de algunos sectores, y de cara a su función de redistribución de esos recursos.
- Los modos de protesta legítimos de los más débiles y los modos de “apriete” de los ganadores. Hemos tenido en esta secuencia momentos insultantes en que se tiraron alimentos en las rutas. Ya se ha dicho: muchos de los que se escandalizan o argumentan o se conmueven con el crecimiento de la pobreza, no levantaron su voz al ver esto.
- La consistencia real de la distribución de la riqueza proclamada y reclamada, allí donde implementarla supone necesariamente diversas formas de intervención estatal en la vida económica. Se esgrime desde una parte de la sociedad la idea de un Estado que no se meta con los ganadores, y la “propuesta” – presentada como “utopía” y mencionada como “federalismo”- de un país “atendido por sus propios dueños”. Ya lo vivimos con los ganadores de los ´90. Algunos se plantean por qué no hacer otra década igual, con otros actores. Alguien señalaba hace ya unos meses, antes de que este ciclo de lock out se desplegara, que el “que se vayan todos” había perdido predicadores, pero no creyentes. Lo mismo puede decirse quizás del “deme dos”. Predicadores que han vuelto, y aggiornados además.
- En última instancia, está en juego justamente lo que se puede y debe discutir y afectar, y lo que no. Es un gran avance -frágil en sus logros, pero avance al fin- en los tópicos del debate político, el hecho de que la distribución de la riqueza se haya vuelto un tema ineludible de la agenda pública. Unos y otros actores vuelven sobre el tema. Lo que se disputa, en todo caso, es quiénes y cómo aportan los recursos, por qué, a través de qué mecanismos y en qué medida. El otro tema de debate es en qué, con qué mecanismos y con qué procedimientos se aplican los fondos re-distribuidos.
- Quién está presente y re-presentado en el debate: qué actores, qué intereses, las medidas y políticas que afectan o involucran a quiénes o los afectados por cuáles temas. Quién representa a quién y quiénes son “presentables”. Y a quiénes no.
- Las posibilidades y atributos para la acción y la transformación por parte de los diferentes niveles y poderes estatales –nacional, provincial, municipal, ejecutivo, legisladores, justicia.
- Y, cómo limitar-disciplinar y encuadrar política y democráticamente a los sectores que más ganan, los sectores más concentrados y los poderes fácticos.
Abanico del los desafíos populares y democráticos que reaparecen en esta etapa con nuevos contornos. Desafío de la democracia misma: cuán permeable es al lobby, cuánto a los intereses de los sectores populares. Menudo tema para celebrar los 25 años del final de la dictadura.
Agrandar la arenas, ampliar las agendas, multiplicar los actores. Adensar políticamente el momento
Muchos esperan que el conflicto termine. Pronto. Puede que estemos o no ante los últimos días del conflicto. Pero, algo está claro: no es, no será el último conflicto. En términos de distribución de la riqueza es de alguna manera el primero, el más significativo de la etapa que vive el país. Otros vendrán. Laten ya en éste. Así que más vale aprender. Y, seguro, adelantarse a ver los escenarios siguientes.
Ver las arenas donde se debate, las agendas de temas en juego, los actores que intervienen, que se dibujan como en un ejercicio general para la etapa actual y venidera. .
Vale “estudiar” este conflicto porque contiene los rasgos de próximas batallas. Estudiar. Preguntarse. Interrogarse. Sí. Ante la tentación de la certeza, saber que, en democracia, la política debe ser pregunta. Interpelación. Elegir las propias preguntas, diseñar las propias interpelaciones. Construir la propia fuerza y el propio relato (micrófonos y megáfonos, cámaras de por medio, está en juego también quién hace las preguntas que valen …)
·Arenas: Dónde y para qué movilizarse. Con quiénes discutir en qué escenarios, con qué herramientas. Qué se discute en uno y otro. Y que andariveles conectan unas “arenas” con otras, en qué medida esos andariveles las articulan y las suman.
·Agendas: Los temas que van y vienen, que ingresan y son expulsados. Digeridos y atragantados. Sustantivos, adjetivos y verbos que los sostienen. Son listas de temas. Viejos y nuevos. Clasificaciones de los mismos. Quién trae la agenda a la mesa, a la arena. Quién hace la lista para cada actor. Qué temas (se) mueven. A quiénes. Quiénes mueven los temas y las agendas. ¿Discutiremos sobre “el campo” o sobre el precio de los alimentos? ¿Sobre las retenciones o sobre la distribución de la riqueza? ¿Sobre quién aporta o sobre qué se hace con lo aportado? Cuánto de cada cosa y con qué consecuencias. La consistencia de las agendas se mide por sus consecuencias.
· Actores: El eje gobierno-campo, así planteado deja un espacio acotado, casi insignificante para la participación popular en el debate. Es, en un punto, un “campo suturado”, se auto completa a sí mismo y deja afuera a muchos. Hay que ampliar y “adensar” de actores todas las arenas del debate, para que las agendas sean otras o se les entre desde otros lados. Y viceversa.
Representación, hacerse presente, imaginase, articularse
En la vida democrática, son los ciudadanos como actores los que dan los debates y los combates. Por medio de diferentes mecanismos de representación. Por medio de imágenes que los representan. Por medio de líderes que los hacen presentes. Haciéndose presentes ellos mismos.
Se trata de entender, de poder opinar pero, también, poder posicionarse y actuar, de la manera menos subordinada y al mismo tiempo más representativa y más articulada posible. (Estos términos a veces son contradictorios: la democracia no es amiga de la pureza ni de la simpleza… la realidad tampoco. La historia menos.)
Existe un desafío grande -en este tiempo donde se dirimen sin duda cuestiones importantes para el presente y el futuro de la sociedad- de poder entender, asumir e intervenir en el conflicto, alejándose o en todo caso superando las diferentes “ciudadanías” que quedan expuestas en este debate. Ciudadanías “tuteladas”, con “techo bajo” que proponen las corporaciones. Ciudadanías “pequeñas” y “catárticas” que proponen los medios de comunicación. Ciudadanías “por crecer y ampliar” que el campo político demanda. Ciudadanías pendientes que hay que construir.
En esa construcción, profundizar la calidad de la representación es central para enriquecer los debates e intervenir en el conflicto. Desde una perspectiva ética y política, no cabe duda de que es necesario ampliar y profundizar la representación, la capacidad de intervención y las posibilidades de acción de los sectores populares. Desgraciadamente, pero sin remedio, las cosas vienen al mismo tiempo: intervenir y construir representación.
Algunas apreciaciones, algunas preguntas, algunos desafíos que aparecen en torno a la cuestión de la representación entonces:
- Medios, “entidades del campo”, gobierno: cada uno de estos actores realiza una operación de representación. Influyen y constituyen modos de representación. La disputan también. En el caso del campo, se atribuyen una sobre-representación del pueblo (“el” campo, “la gente”, ” la ciudadanía”, “el interior”, “los pueblos”). En el caso de los medios, opera una para-representación, que en el marco actual de su funcionamiento, no deja de ser, groseramente casi siempre, una distorsión, una caricatura. En el caso del gobierno, está en juego su capacidad de hacer presente y consumir una fuerza democrática con el voto y la voluntad popular que lo eligió ampliamente hace unos meses. Visto desde los sectores populares, que sólo pueden constituirse en la política con algún tipo de representación o mediación, está entonces este ida y vuelta desafiante: ampliar la representación haciéndose presente, pero al mismo tiempo hacerse presente a través de la representación.
Riqueza , poder, ingresos
La consistencia de la democracia y la vida de los sectores populares esta en juego en este conflicto. La distribución de la riqueza se juega al tiempo que se re-distribuye el poder en nuestra sociedad. Si agregamos el fundamental tema del precio de los alimentos y la inflación, y la cuestión de quiénes están habilitados para discutir y actuar, queda ampliamente expuesta la cuestión distributiva que nos convoca: distribuir la riqueza, los ingresos , el poder de decidir y el reconocimiento.
Los avances de los sectores populares en esta etapa son tan innegables como crudamente parciales y especialmente frágiles. No han sido una concesión ni se puede esperar que lo sean en el futuro. Si bien no dependen sólo de la propia construcción- siempre, por definición, limitada, siempre será en alianza con otros- tampoco pueden sostenerse sin acumulación propia o en todo caso apropiada (porque siempre será articulada, mediada, sesgada)
Al gobierno le faltan elementos para dar cuenta con mayor consistencia y consenso de los resultados de su política que, sin ser todo lo distributiva que pudiera esperarse, tiene logros indudables e importantes en ese sentido, en todo caso de cara a la crisis catástrofe de la que salimos y en contraste con prácticamente todos los gobiernos anteriores de la última etapa democrática. Es cierto que, como dicen los ruralistas, crecimiento no es sinónimo de desarrollo; pero también es cierto que el modelo de desarrollo que ellos proponen no traerá un crecimiento en el que todos puedan tener su parte justa y necesaria. El peso del Estado democrático en la distribución de la riqueza en los próximos años está en juego. Es indispensable intervenir en eso, porque ahí se dirime mucho de la vida de todos, especialmente de los trabajadores y de los más golpeados por tantos años de exclusión.
Ni los temas, ni el campo de batalla, ni los jugadores con que hay que salir a la cancha son los ideales. Eso es porque se trata de la vida y no de la teoría, de la historia y no de un noticiero. Por eso mismo no hay manera de ser sólo espectador.
* Coordinación del Colectivo Ciudadanía / Iniciativa por la democracia y la justicia social. Director del Área de Formación del Centro Nueva Tierra.
Algunos comentarios breves y sueltos…
N.B.
Neustadt murió. Doña Rosa no. Doña Rosa dice: Neustadt no murió.
Los informativos son racistas. Ojalá se tratara de esto solamente. En esos días, la ciudad de Buenos Aires, estuvo empapelada con la publicidad de “Casi Ángeles”. La media-de-rostros en la tele parece de Noruega.
El “que se vayan todos” había perdido predicadores. Pero no creyentes. Subsiste también lo que portaba la consigna en su momento -junto, pero más aun quizás que la voluntad de cambiar-: la idea de un país atendido por sus propios dueños. Ante ellos, la derecha esta dispuesta incluso a servir café.
Uno de los gestos más fuertes –porque fue gesto y hecho a la vez- del actual periodo fue el momento en que se bajó el cuadro de Videla del colegio militar. Problemas que nos quedan: hay que bajar los cuadros de Videla, de muchos otros lados. Y los de Matínez de Hoz también. De esos lados que hace que el pensamiento se “cuadre”, justamente, a Videla y Martínez de Hoz. Ejemplo de pensamiento bien clavado en su marco: “el Estado es enemigo, siempre es obstáculo, déjennos a nosotros que hagamos el país” (dice el mercado, dicen los propietarios. Repiten los sectores medios, la “gente”. Todo en su lugar ).
No es casual que tengamos la ley de radiodifusión de la dictadura, un cuarto de siglo de democracia después. Flor de cuadro para Videla: cada vez que hacemos clic, en el resplandor de la pantalla, de alguna manera, él brilla allí.
Los que tiraron la leche en las rutas ¿son los mismos que hablaban con
Ante la inflación nuestro pueblo no tiene mucho repertorio de luchas. Más bien tiene una memoria dolorosa y unas prácticas que las más de las veces se le vinieron en contra. Ampliar ese repertorio reluchas –incluyendo a los “sectores medios”– es una tarea política y social fundamental en este momento.
Un itinerario metodológico para construir (en) el conflicto
Equipo Colectivo Ciudadanía. Sebastián Prevotel, Fernando larrambebere. Nestor Borri *
El conflicto cruza…
… las conversaciones y la experiencia cotidiana…
… el transcurso de la vida propia, los intereses propios, las posibilidades de cada uno…
… el campo de lo que se siente y se opina…
… la propia vida individual y colectiva…
…las rutinas y las expectativas…
Ahí, se vuelve tema…sensación, problema. De ahí parte el sentido: de lo que se siente y lo que va significando.
Aparece e interfiere con la experiencia cotidiana. Una ruta. El precio de la leche. Lo que se ve en la tele. Lo que se discute en la calle. Cruza la vida. Desde esa base de lo “sentido” se construye “el” y “los” sentidos del conflicto.
El conflicto “corta”…
…el campo de los debates, las posiciones, las ideas, los actores, los que confrontaban, en dos o mas partes…
Oficialismo y oposición, el campo y los demás. “todos” y los demás, el gobierno y el campo, el “progreso” y los “obstáculos”, gente de bien y militantes, espontáneos y arreados, teflón y choripanes, los buenos y los malos…
También: campo y ciudad, industria y campo, la sociedad y el estado, los sectores populares y los propietarios, los grandes y los pequeños productores, los pooles de siembra y los productores. El estado y el mercado, los democráticos y los autoritarios, victimas y victimarios. Un modelo y otro.
El conflicto traza fronteras. No todas coinciden, pero la tendencia es que alguna prime, magnetice, ordene a las otras. Y ahí la cancha del debate se corta en dos. Cualquier lado que se elija no será puro. Pero es muy difícil elegir varios lados. Esperar a que sean puros, claros, o querer resolverlos todos: tarea fantástica, pero no de este mundo.
En cada momento de las pulseadas, una frontera se vuelve fundamental, y las otras menos relevantes.
El conflicto cuestiona…
Genera nuevas preguntas. Algunos se atreven a formularlas, otros hacen lo posible para que no surjan las fundamentales. Invita y exige replanteos. Y respuestas. Parciales, impuras, pero respuestas al fin. El sentido y las consecuencias y la convocatoria de esas respuestas hacen a la democraticidad y la democracia del conflicto. Esta interpelación actuando es la que constituye a los actores.
Elegir las propias preguntas, hacerlas significativas e interpelantes para muchos, y construir respuestas consistentes y significativas, tal la tarea democrática. Se llama construcción de hegemonía, nos guste o no, les guste o no. Porque, en la democracia, en la vida y en la historia, las preguntas y las respuestas tienen que ver con el poder, sin remedio. Lo que se puede cambiar en todo caso es a quiénes favorecen o no las consecuencias y el uso de ese poder.
El conflicto compromete…
Preguntas y respuestas hechas en las cancha, generan nuevos compromisos. Algunos más claros, otros más difusos. Unos más inmediatos, otros menos inminentes. Algunos deseados, otros inevitables. Compromisos, alianzas, coordinación de acciones, tareas, movilización, movimientos, responsabilidades. Cadenas de compromisos enganchados. Cadenas de actores –frentes, sujetos, colectivos más amplios-, cadenas de tareas -acciones, proyectos, tácticas, estrategias, planes, modelos-.
Preguntas y compromisos construyen a los actores, crean y recrean el sentido de los conflictos. Cortes y cruces, marcan caminos y juegos, embates y combates.
En democracia, el conflicto crea…
Y la democracia crea conflictos. Los conflictos tienen costos y consecuencias. Estos pueden ser diferentes, según la fuerza que se construya. Pero no se pueden evitar. Estamos llamados a asumirlos: crearnos y recrearnos interviniendo en ellos. Construir las condiciones para hacerlo, hoy y mañana es una tarea ética, política, histórica y cotidiana a la que estamos convocados. Hoy.
* Ideas desarrolladas abril de 2008 en el encuentro de cierre del ciclo de formación Comunicación, organizaciones sociales y construcción de ciudadanía enmarcado en la iniciativa Contalo Vos (Dirección de Formación de Actores Territoriales – Ministerio de Desarrollo de
Publicado en Dossier, conflicto campo
2 comentarios













