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La ley y la trama

hacia una nueva política PÚBLICA
de comunicación audiovisual

la ley y la trama

La siguiente es la alocución de Néstor Busso (referente de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, presidente de Foro Argentino de Radios Comunitarias y miembro del Centro Nueva Tierra) en el acto convocado el pasado 21 de octubre por Presidencia de la Nación, con motivo de la puesta en marcha de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La lectura histórica de la creación de la ley y la consideración del papel Coalición por una Radiodifusión Democrática en la secuencia, nos pone frente a una experiencia de construcción colectiva sin precedentes. Una que no está cerrada, sino que enfrenta ahora sus más fuertes desafíos. Como queda claro en el discurso de Néstor Busso, la ley y su letra son un momento y un componente –significativo pero parcial– de una política pública. Para continuar avanzando hacia una implementación lo más pública y más política posible, es necesaria una trama amplia de actores, relaciones y compromisos que la pongan en movimiento. Un tejido dinámico que la Coalición por una Radiodifusión Democrática, creadora de los 21 Puntos Básicos por el Derecho a la Comunicación, puede enriquecer y fortalecer.

AUDIO: Discurso completo de Néstor Busso, presidente de FARCO

Alocución de Néstor Busso en el acto del 21 de octubre de 2009 en el Teatro Argentino de La Plata

Señora Presidenta, señores gobernadores, señoras legisladoras, señores legisladores, funcionarios nacionales y provinciales, queridas Madres Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Compañeras y Compañeros.

Estamos de fiesta. La democracia argentina está de fiesta. Con la Ley de Servicios de Comunicación audiovisual 26522 derrotamos una vez más a la dictadura genocida y también derrotamos al neoliberalismo y su dios, el mercado.

Supimos y pudimos hacerlo.

Gracias, Presidenta, por escuchar y asumir lo que pedimos y reclamamos desde las organizaciones libres del pueblo. Tenemos que agradecerle su decisión y valentía política.

Este logro de la democracia, lejos de ser una victoria de un sector político en contra de un grupo económico y mediático, es el resultado positivo de un largo proceso de construcción social, popular y democrática, que obedece a distintos factores, de orden histórico, político y cultural.

Se ha saldado una deuda de la democracia. Trabajamos por esto muchos años.

Desde muchas de las organizaciones que hoy estamos aquí veníamos planteando desde la recuperación de la democracia la necesidad de una nueva ley en la convicción de que no hay posibilidad de afianzamiento de la democracia política sin democratización de la comunicación.

Teníamos conciencia del poder que enfrentábamos. El poder de los grandes grupos económicos que pretendían mantener vigente el decreto ley que ellos en complicidad con la dictadura habían impuesto en el año 80 y habían modificado en su beneficio en los 90.

Hace 5 años, unidos bajo el concepto de que la Ley es siempre producto de una correlación de fuerzas sociales y políticas nos propusimos buscar acuerdos y construir esa fuerza social y política.

Construimos lo que luego denominamos Coalición por una Radiodifusión democrática y que hoy tengo el honor de representar aquí.

Nosotros acordamos, redactamos, instalamos y logramos adhesiones a los 21 puntos que son la base de la Ley 26522.

Vengo de la Patagonia, desde Viedma, como parte de FARCO y de ALER, pero tengo la responsabilidad de representar en este momento a las organizaciones de defensa de Derechos Humanos, a las queridas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a todos los Sindicatos de trabajadores de la Comunicación, de la CGT y de la CTA, a las Universidades nacionales y sus carreras de comunicación, Ciencias de la Información o Periodismo, al Movimiento Cooperativo, a los Pueblos originarios, a Organizaciones y movimientos sociales del oficialismo y también de la oposición.

La Coalición por una radiodifusión democrática se enorgullece de haber sido partícipe necesario del proceso de elaboración del Proyecto de Ley; surgido desde las organizaciones libres del pueblo, reconocido en el mundo como modelo para la elaboración de normas.

El 27 de agosto de 2004 trescientas organizaciones de la sociedad civil, organismos de derechos humanos, trabajadores de la comunicación, centrales sindicales (CGT y CTA), universidades nacionales, pueblos originarios, organizaciones sociales, movimiento cooperativo, pymes de la comunicación presentamos los 21 Puntos básicos para una Ley de Radiodifusión de la democracia. El 10 de setiembre de 2004 los llevamos a la Casa Rosada.

Desde la elaboración de los 21 Puntos la Coalición transitó a lo largo y ancho del país miles de encuentros, debates, seminarios, mesas redondas. Logramos inclusive la adhesión de numerosos Concejos Deliberantes y varias Legislaturas provinciales. Esos 21 puntos alimentaron la propuesta presentada por usted, Presidenta, en este mismo lugar el 18 marzo. Esa propuesta a su vez fue devuelta nuevamente a la sociedad para su posterior debate y corrección.

Reivindicamos este proceso, reconocido por el relator de Libertad de Expresión de Naciones Unidos, Frank La Rue, como inédito en el mundo para la elaboración de una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

El debate democrático con que se generó esta propuesta coincide con el propósito final de la Ley: darle más democracia a la democracia y elevar la calidad institucional de la sociedad.

Ahora que casi todos los actores intervinientes en el debate hicieron suyas las banderas de los 21 puntos elaborados por la Coalición por una Radiodifusión Democrática –después de haber ignorado o, lo que es peor, ninguneado su existencia-, vale la pena insistir que los mismos fueron elaborados hace ya cinco años, desde fuera del gobierno y como demanda al gobierno, lo que quita toda validez a los flacos argumentos de que este es un armado oficialista, o un “debate express”, o de un aparente “apuro” del oficialismo por sancionar la norma.

En ese proceso de cinco años, logramos cosas importantes además de la Ley:

Logramos poner en debate el tema de la Comunicación y el rol de los medios de comunicación.

Logramos reavivar a la militancia y la participación popular. El debate ciudadano, especialmente de los jóvenes.

Logramos la unidad del campo nacional y popular.

Logramos disputar lo público en los espacios públicos. Esta vez, la batalla no estuvo solamente en las pantallas, y eso no supieron entenderlo quienes se opusieron y quedaron en minoría. La batalla se ganó en el espacio público, en el boca a boca, cara a cara, en las calles, los centros culturales, las asociaciones vecinales, las universidades, en la construcción de ese camino siempre complejo entre lo social y lo político. Las batallas de la comunicación que siguen serán de igual o mayor importancia. Y las otras batallas de la democracia pendientes, como la distribución de la riqueza, el empleo, la pobreza, el hambre de los más chicos, entre muchas otras, tendrán condiciones más favorables para ser resueltas con esta nueva y auspiciosa redistribución de la palabra, cuya puesta en práctica habrá que saber concretar y defender.

En este proceso de debate parlamentario el oficialismo supo ganar aliados, supo negociar y ceder, supo realizar modificaciones. Vale también destacar el papel de sectores de la oposición que hicieron aportes y lograron cambios que enriquecieron el proyecto. En contraste con un oposicionismo que buscó excusas para postergar el debate vale destacar el rol de los bloques del Partido Socialista, Libres del Sur, Solidaridad e Igualdad, la Concertación y Proyecto Sur.

Las significativas diferencias de votos positivos y negativos en ambas cámaras hablan a las claras de un resultado abrumador, poco previsto para muchos, quienes imaginaban un resultado ajustado que ni siquiera se dio en la votación en particular de algunos artículos en la Cámara Alta, cuando hasta el sistema electrónico dijo basta cerca de las 6 am.

Quien haya presenciado esos debates, no puede dejar de subrayar su condición democrática y su espíritu deliberativo, un ejemplo a imitar en tantísimas otras propuestas legislativas de importancia.

En este camino de construcción de la nueva Ley de Medios se escucharon las voces públicas, las cartas abiertas, los documentos, los debates, los foros en todo el país, las calles y las plazas como escenarios de la democracia. Predominaron los actores sociales que actúan día a día en lo público, aunque sus rostros, sus nombres no se conozcan, aunque no sean noticia para los grandes medios. Ganó una novedosa experiencia cultural y política de democracia participativa, esa que sitúa en cada ciudadano y su voz el valor de la política y de las decisiones que afectan a las mayorías.

Con la promulgación de la Ley 26522 se abre una nueva etapa no menos importante que la anterior. Es necesario reglamentar y aplicar la Ley. Estaremos atentos y vigilantes en esa tarea.

A las organizaciones sociales, a las universidades, al igual que a los medios públicos, se nos presenta un gran desafío. Deberemos afianzar otro modelo de comunicación. Con ética y con otras estéticas que reflejen la identidades de nuestras comunidades, de nuestro pueblo. Y que sean capaces de disputar los sentidos para narrar nuestra historia desde nosotros mismos.

Integramos la COALICIÓN POR UNA RADIODIFUSIÓN DEMOCRATICA y no solamente por una LEY DE RADIODIFUSIÓN. Por eso vamos a seguir trabajando, en la reglamentación y en la implementación de la Ley. Vamos a trabajar para democratizar las comunicaciones. Vamos a estar atentos a que los 21 puntos no sean solo letra de una Ley sino una realidad.

Señora Presidenta: Puede contar con nosotros para acompañarla en esta tarea. Para enfrentar al partido de los medios le ofrecemos esta trama de apoyo a la aplicación de la Ley. Dice el refrán popular que “hecha la ley, hecha la trampa”.

Nosotros decimos que hicimos la Ley y ahora estaremos atentos para impedir cualquier trampa haciendo una trama para sostenerla y hacerla cumplir.

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Hecha le ley, construyamos la trama

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¡Ahora van por los medios!

Spots de Radio Universidad de Rosario, denunciando las terribles consecuencias de esta nueva avanzada del “poder” para controlar todo… Tengan miedo!

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Parte del aire

Amigos, enviamos unos excelentes artículos de Edgardo Mocca y Mario Wainfeld en relación a las implicacias políticas del debate de la nueva Ley de Comuicación.
Los invitamos a una lectura y análisis que estos textos invitan: una que vaya más allá de lo periódistico y la oponión hacia un abordaje con centro en lo político y la intervención

Algunos ejes de análisis y debate:

  • Mirada de la cuestión pública política. Ver en qué terminos plantean la centralidad del debate y en qué se diferencia con otras miradas que circulan: en los medios, en las instituciones, en las conversaciones cotidianas. Los vículos del debate con otras cuestiones que hacen a la vida democrática. Cómo se relaciona con otras cuestiones, esten o no en agenda. Por qué tiene importancia para la vida democrática del país.
  • Quién es quién, aquí y ahora. Ver quiénes son los actores en juego y en qué se diferencian los posiconamientos en relación a otros debates. O a este mismo meses o semanas atrás. Un dato central aquí: Desde la presentación de la ley hasta el dictamen y la votación en Diputados, los medios de comunicación han encrudecido su posiconamiento con un resultado interesante: Fueron dejando de lado su habitual autopresetnación como “instituciones democráticas”, espacios de debate, canales de expresión de “la gente”; para presentarse como lo que realmente son: empresas, actores concretos con intereses en juego y con un poder que no les viene de los mecanismos de la democracia representativa. Estos cambios fueron parte de la trama más amplia de iniciativas y posicionamientos relativos de otros actores; comprobando como en política, la relación define los términos.
  • Iniciativas, posicionamientos y escenarios. En la línea de lo anterior, ver cuales fueron los posicionamientos que influyeron en el actual escenario Y CÓMO INFLUYERON, QUÉ ESCENARIO RESULTÓ. Ver ahí la distribución de inicitavias, qué actores pusieron su iniciativa y en qué sentido habilitando a otros para poner en juego la suya. A su vez, la dinámica y posicionamiento de algunos actores condicionó el juego de otros, dejando por ejemplo, a unos “pedalenado en el aire” (MW). Ver como fueron esos posicionamientos y esos resultados. Como reconfiguraron el escenario y cuales es la “proyección futura” (EM)
  • Nudos de conflictos: Indentificar nudos de conflictos planteados por los autores y ver en qué medida su abordaje amplía la construcción pública política y democrática. Cuáles son los actores que asumen los conflictos y cuáles no. Qué lectura tiene cada actor de lo que es conflicto y de lo que está en juego en él.
  • Estado y políticas públicas como espacios de disputa. El debate de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es un ejempo concreto e interseante (porque toca intereses de todos los argentinos de manera evidente pero muchas veces no problematizada en lo cotidinano) de cómo los ámbitos del Estado y las políticas públicas en tantos dinámicas de intervención en lo social son espacios de disputa. Ver ahí como se desarolla esa disputa, qué actores disputan qué cosa, cuales se visibilizan y cuales no, cómo esta disputa se relaciona con la vida cotidiana y el derecho a la comunicación (eje más amplio que la noción de libertad de expresión, de tradición liberal).

La propuesta es no quedarse con estas notas, si no tomarlas como insumos para pensar y actuar de manera compleja el en escenario político. Enriquece sumar otras miradas y, desde luego, PENSAR ESTOS EJES DE CARA AL DEBATE EN EL SENADO. Viendo que camiba y como se desarrollan tácticas y estrategias.

Esperamos sus comentarios.

Equipo Mapas

www.mapas.org.ar | http://mapas-ciudadania.blogspot.com/

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Hacia dónde va el centroizquierda

Por Edgardo Mocca
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La casi totalidad de los diputados que reivindican su pertenencia al espacio progresista votaron a favor del proyecto de regulación democrática sobre los medios de comunicación audiovisuales. Se afirma así una tendencia que se insinuó en ocasión de la discusión de la reforma al régimen jubilatorio y, más recientemente, el sostenimiento de las retenciones a las exportaciones agrarias.

No debería sorprender la actitud tomada por el espacio de centroizquierda: la reforma de la “ley” dictatorial sobre los medios en un sentido antimonopólico forma parte del acervo político-cultural de ese sector. Sin embargo, hay buenas razones para interrogarse sobre la consistencia y la proyección en el tiempo de esa conducta. El propio episodio de la discusión de la ley muestra el profundo debate que atraviesa al progresismo.

Pino Solanas hizo todos los esfuerzos posibles para definir el voto de sus aliados en una dirección opuesta. Ni la orientación ni los argumentos del cineasta son novedosos; para él el conflicto político argentino gira en torno de un simulacro: el kirchnerismo oculta su faz –idéntica al menemismo, según Solanas– detrás de una fachada popular-progresista. Desnudar esa falsía es, desde hace ya un largo tiempo, la tarea principal de las fuerzas populares “verdaderas”.

En el caso de la ley de medios, la argumentación enfrentó un poderoso obstáculo. La elaboración del proyecto no es una lucubración de gabinete surgida entre gallos y medianoche del riñón kirchnerista: es el producto de un poderoso movimiento social que impulsaron organizaciones sociales y dirigentes políticos de innegable trayectoria y clara pertenencia a la izquierda. De manera que los argumentos para desecharlo y mantener en pie una ley que supedita la libertad de expresión a las necesidades de la “seguridad nacional” no lucían muy atractivos. En la práctica, la prédica oposicionista fue progresivamente aislada y reemplazada por una inteligente línea de negociación del proyecto punto por punto.

Por otro lado, Solanas, a pesar de su reciente notable elección en la Ciudad de Buenos Aires no ha alcanzado el liderazgo indiscutido del sector. Un importante núcleo de dirigentes y fuerzas de centroizquierda vienen sosteniendo una mirada distinta sobre el proceso político en curso. Martín Sabbatella, referencia central de esta corriente, lo sostuvo de modo insistente en su también exitosa campaña electoral: el kirchnerismo puede ser objeto de muchos y razonables cuestionamientos, pero no debería negarse que su gobierno ha desplegado una agenda de cuestiones centrales para el futuro. En consecuencia, aparece muy problemático el desarrollo de fuerzas populares y progresistas al margen de los nudos reales del conflicto político, tal como se viene dando en estos días.

Después de la votación en Diputados, asistimos a una inopinada intervención del columnista del diario Clarín Eduardo van der Koy en el debate del progresismo. En su comentario del viernes 18 pasado, advierte la generación de un bloque de poder kirchnerista para la transición, basado en el acuerdo con el centroizquierda. Añora de este espacio “la capacidad de análisis global que supo caracterizarla aquí y en cualquier rincón del mundo”. Y hace una serie de llamados de atención principalmente dirigidos al Partido Socialista, en el sentido de que su conducta reciente podría debilitar su esquema de gobernabilidad en la provincia de Santa Fe. El operativo extorsivo sobre el socialismo santafesino fue adquiriendo visibilidad en las últimas horas y se basa en el avieso rumor de una “compra” de los votos de la bancada de ese partido por parte del gobierno nacional. Las hasta ahora no desmentidas declaraciones de Felipe Solá sobre el uso de la chequera gubernamental para ganar la votación concurren en la generación de un clima –furiosamente amplificado por el grupo Clarín– en el que el debate político es sustituido por las descalificaciones sin fundamento.

Para la izquierda parece ser un momento de grandes definiciones. No se trata del falso dilema de apoyar o no al gobierno de Cristina Kirchner. Lo que está en cuestión es el perfil de una posición política y su proyección futura. En estos días hemos asistido a una demostración de fuerzas del progresismo. Lejos de quedar atrapado en una lógica de “todo o nada”, los diputados del sector activaron una negociación inteligente y con base de principios. Lograron la modificación de los aspectos más conflictivos del proyecto: la apertura del acceso de las telefónicas al negocio mediático y la composición de la autoridad de aplicación. Tenemos un proyecto con media sanción mejorado seriamente respecto de su redacción original. El Gobierno también hizo la experiencia de cómo la flexibilidad política y el diálogo facilita la construcción de mayorías concretas en temas de particular sensibilidad. El progresismo no puso esta vez el testimonio moral en el lugar de la definición política; no recitó su desgraciadamente frecuente apelación a todo lo que está mal en el país y a todo lo que este gobierno no ha resuelto. Se situó en la materia del debate y produjo un resultado que por su amplitud y contundencia crea favorables condiciones para el debate en el Senado.

Pero la discusión sigue. Y las presiones de los grupos multimediáticos y de las corporaciones empresarias se pondrán al rojo vivo. Están dispuestos a dialogar con un centroizquierda “serio”, “moderno”, “realista”. Con un centroizquierda que haya aprendido definitivamente la existencia de límites insalvables para cualquier proyecto transformador. No importa si el progresismo clama contra la pobreza y la injusticia: eso forma parte del folklore de cualquier “país normal”. El problema es que esté dispuesto a comprometer sus fuerzas en la definición de las pulseadas reales de poder que transcurren. Si así ocurre se termina con los buenos modales. Sobreviene el chantaje, las campañas de descalificación, el silenciamiento. Para tener buen marketing, la izquierda tiene que tener comportamientos “razonables”.

Parece estar naciendo un proyecto serio y maduro en el centroizquierda. Un proyecto sólida e indiscutiblemente democrático. Ajeno a toda idea fundamentalista y maniquea. Y dispuesto a crecer en democracia, a ampliar su base de sustentación con un horizonte de mayorías y de gobierno. Por supuesto que tendrá que recorrer un camino complejo y lleno de obstáculos. Pero ni el atajo de las concesiones políticas a la derecha, ni el ejercicio de la proclamación sectaria de las propias verdades al margen de la lucha política deberían torcer el camino emprendido.

© 2000-2009 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados

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Calidad y cantidad

La construcción de una amplia mayoría y los reflejos de la minoría. La salida del recinto, la oportunidad perdida. Una viñeta mendocina. La tendencia en la región, por quién doblan las campanas. Distintas conductas en la oposición: sobre coherencias y desmesuras.

Por Mario Wainfeld
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“A un cantor lo llaman bueno
cuando es mejor que los piores.”

José Hernández, Martín Fierro.

La mayoría de las leyes y medidas sustanciales de los últimos 25 años se aprobaron entre gallos y medianoche, se consagraron con mayorías estrechas, provocaron discusiones enardecidas. Pocos anteproyectos estuvieron en vidriera varios meses antes, como el de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LdSCA). El oficialismo recuperó una capacidad olvidada que lo embelleció en sus primeros años: la de expresar demandas de larga data y prestar oreja a fuerzas de mayor tradición en la defensa de derechos humanos y sociales. “Abrió” la propuesta, modificó sensiblemente o taló puntos que le fueron cuestionados. Los 147 votos que se lograron en Diputados expresan un claro arco de alianzas y un sesgo ideológico preciso.

Todos los que acompañaron la iniciativa oficial desde el centroizquierda pueden engarzar esa decisión con su trayectoria previa. Claudio Lozano, de Proyecto Sur, no se privó de nada al fundar su voto. Recorrió los errores y desvíos del kirchnerismo y sintetizó bien: “No estamos votando a un gobierno sino una ley”. El socialismo fue consistente con sus principios, arriesgando mucho: Hermes Binner gobierna, tras años de digna construcción democrática, una gran provincia donde convive con la Gran esperanza blanca y lacónica. Las represalias mediáticas y políticas se harán sentir, lo suyo no fue un cálculo mezquino de oportunidad. Binner sabe –cualquier político de fuste sabe– que los poderes fácticos son más contumaces, más despiadados y (dato muy poco subrayado) más perdurables que los políticos.

La oposición más enconada eligió una posición obstruccionista. Disponía de un inmenso terreno para conseguir mejoras a la norma en el contexto abierto por el oficialismo al retractar el ingreso a las telefónicas del cable. No era esa su intención. Con las cartas jugadas y evitando que le contaran las costillas (una derrota de 147 a 100, con suerte), se retiró del recinto. Esas movidas, como el manejo del quórum, son un recurso parlamentario que en sí mismo no debería escandalizar. Sí choca que dirigentes democráticos se comporten como los “dueños de la pelota”. Cuando se ganan elecciones, se habla de gesta republicana, se cantan loas a la madurez ciudadana. Cuando se pierde, se infama al clientelismo, los ciudadanos se homologan a rehenes, se atribuye el mal resultado al voto cadena. Cuando el vicepresidente desempata de modo negativo, el Congreso es el pulmón de la república. Cuando se está a punto de caer por goleada, se miden los minutos con cronómetro, se hace un uso falaz y disfuncional del reglamento, se sale corriendo a Tribunales. Fea la actitud.

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Estado y mercado: Una constante enojosa es explicar las decisiones del adversario en exclusiva clave de corrupción. Se menoscaban las disidencias, la diversidad de enfoques, la plena lógica del pluralismo. El radicalismo, el peronismo disidente, el PRO y la Coalición Cívica armaron un relato sencillísimo: no se retomaba una eterna deuda del sistema democrático, apenas se procuraba hacer un negociado con Telecom. Abolida esa hipótesis, por una inteligente decisión de la Presidenta, quedaron pedaleando en el aire.

Tenían espacio para hacer algo más sistémico. Lo que se dirime es una clásica discusión entre Estado y mercado, un tópico de las diferencias entre centroderechas y centroizquierdas o populismos o regímenes más o menos estatizantes. De un lado, quienes piensan que el desenvolvimiento del mercado genera condiciones virtuosas y deploran la intervención pública. De otro, los que creen en la necesidad de la regulación y mocionan que la defensa de derechos esenciales (como el de la comunicación) imponen un rol activo del Estado y no su mera abstinencia.

Por cierto, este es el perfil idealizado del tema. Lo acecha el autoritarismo gubernamental, de un lado. De ahí las prevenciones de fuerzas alternativas al oficialismo que forzaron modificaciones en la autoridad de aplicación.

Lo empioja algo más denso, del otro. Las disfunciones del mercado, los oligopolios y grupos con posiciones dominantes, suelen recibir manitos muy generosas de los gobiernos. Papel Prensa, la reforma menemista de la Ley de Radiodifusión, la ley de bienes culturales, las prórrogas de las licencias concedidas por el kirchnerismo no fueron producto del libre juego de la oferta y la demanda. Fueron momentos intensos de activismo estatal, en favor de los poderes fácticos, usualmente inscriptos en un nimbo de silencio o acuerdo palaciego.

Una mayor sinceridad hubiera enriquecido el debate y –es razonable presumirlo– el texto aprobado por Diputados. La opción fue otra, de baja intensidad democrática, con terminal en los Tribunales.

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Campanas afinadas: La fruición por la anécdota, tan cara a los políticos de vuelo bajo y al periodismo, hace perder de vista que el fenómeno trasciende las fronteras locales. Un flamante y recomendable libro de Martín Becerra y Guillermo Mastrini (Los dueños de la palabra. Acceso, estructura y concentración en los medios en la América Latina del siglo XXI) provee un análisis comparado de las tendencias que se controvierten aquí. La concentración cunde en América del Sur. Un grupo reducido de medios acapara porciones formidables del mercado publicitario y de la audiencia, aquí y acullá. La concentración limita las posibilidades expresivas de medios alternativos. “La propiedad cruzada de los medios (…) se traduce en un marco de intervención de grandes grupos con escasos márgenes de incidencia para otros actores sociales económicos, políticos y culturales. (…) La concentración en pocos grupos conduce a advertir sobre la inevitable tendencia de los medios controlados por esos grupos a validar y representar su propio interés (y el de sus alianzas) como el interés general.” Esto no sería letal, agreguemos, si otras voces pudieran hacerse sentir.

Las campanas, lo dijo bellamente John Donne, siempre doblan por ti. Pero la isocronía de los procesos políticos hace que repiquen parecido en todo el vecindario. El peso público de los conglomerados mediáticos, su rol de articulador de la oposición a todos los procesos de cambio (bien diversos) que conviven en América del Sur es un desafío común a la construcción de democracias estables, garantes de ciudadanía plena, agrega el cronista.

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Opacidad y luz: Becerra y Mastrini comentan una traba que tuvieron para investigar, la opacidad informativa. Deriva de la falta de datos oficiales confiables pero también de “la falta de colaboración para brindar información de acceso público por parte de los actores concentrados de la industria de la información y la comunicación”. Puede añadirse que la oscuridad tiene otras estribaciones. Grandes protagonistas de la vida pública, hombres y mujeres que impusieron políticas y transferencias de recursos fastuosos, son desconocidos por los ciudadanos. Estos ven todo el tiempo a sus mandatarios o legisladores, conocen sus muletillas o tics, su modo de vestir o de caminar, se embelesan o se hastían de ellos, los promueven o relevan de modo regular. Otros decisores enormes son desconocidos. Han de ser pocos los argentinos, aun bien informados, que conocieran el rostro de Daniel Vila antes de sus golpistas declaraciones sobre la ley.

El proceso de debate sobre la ley dejó en flagrante minoría, lindante con la soledad, a los defensores del statu quo. Quizá fantasearon con reeditar la reacción social que produjo el conflicto de las retenciones móviles. Pero esta vez su propio frente se resquebrajó, por eso debieron salir a la luz, que los incomoda. Periodistas, artistas, comunicadores de variadas posturas políticas, muchos de ellos opositores severos, entendieron el nudo de la cuestión. No hubo movilizaciones ciudadanas, ni colectivos de personalidades de la cultura que se aferraran al aciago régimen vigente. Hasta las audiencias públicas promovidas con más ánimo dilatorio que constructivo reflejaron el fenómeno. Hasta en Mendoza, patria chica del vicepresidente Julio Cobos y del Grupo Vila-Manzano.

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De cuerpo presente: Repasemos una viñeta de la audiencia realizada en esta semana a la que se costearon varios diputados nacionales opositores. El encuentro tuvo un viraje notable, no exento de simbolismo. Las ponencias favorables a la iniciativa oficial superaron a sus contradictores. El público, preponderantemente joven y estudiantil, multiplicó el efecto.

Juan Gispert, presidente del Centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Cuyo, expuso una ponencia. Describió el peso hegemónico de los grandes grupos, en especial en su provincia. Y propagó una denuncia que viene de lejos: “El Holding Supercanal (grupo Vila-Manzano) es el mismo que se ha apropiado en forma ilegal de 40 hectáreas pertenecientes a la Universidad Nacional de Cuyo, hoy carente de provisión de agua potable y, que por ser el principal accionista de la empresa que provee de esta esencial necesidad humana, se propone mediante esta estafa hacer uno de los más grandes negociados inmobiliarios de que la provincia de Mendoza tenga memoria”. Vila, flanqueado por un par de disimulados guardaespaldas, estuvo un buen rato, guardó silencio. Los diputados no emitieron palabra en la audiencia, que dejaron con sorprendente premura.

El resultado en el ágora fue tanto o más amplio que en el recinto del Congreso, de ahí la deriva a la acusación torpe o a la judicialización.

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A judicializar, a judicializar: Lógico y lícito es que, quienes sienten amenazados sus intereses, analicen la posibilidad de defenderlos en tribunales. La conducta de los representantes del pueblo debería tomar delicada distancia de esas tácticas privadas. La diputada Patricia Bullrich repitió una mala costumbre: anunciar la inconstitucionalidad de un proyecto que aún no es ley, como lo hizo cuando la reinstalación del sistema de reparto. Ante una goleada de similar jaez, degradó el voto de sus pares. No fue similar su conducta cuando el gobierno de la Alianza, en el que revistaba, confiscó los haberes de los jubilados. Ahorró ahí menciones a la seguridad jurídica que suele mentarse sólo para defender patrones o corporaciones. La cuestión se judicializó, la exacción fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema.

Felipe Solá también cayó en la demasía de denigrar a sus adversarios. Atribuyó su congruencia a “la chequera”. Al ex gobernador y diputado electo le cuesta entender que hay políticos con coherencia histórica, quizá porque ése no sea su caso. Su recorrido es más bien itinerante. Sus puntos más oscuros son la anuencia a los indultos de Carlos Menem, la destrucción de las Juntas Nacionales de Carnes y Granos, la predación de la actividad ictícola, la campaña bajo el slogan “meta bala” con Carlos Ruckauf, la defensa encendida del comisario Fanchiotti durante casi un día, hasta que se probó que era el autor directo de los asesinatos de los pibes Kosteki y Santillán. También tuvo momentos virtuosos, como cuando convocó a su lado a dirigentes de bien y de convicciones bien puestas, como León Arslanian y Juan Pablo Cafiero. No es fácil encontrar linealidad en ese derrotero, pero sería una ruindad atribuirla a una seguidilla de chequeras contrapuestas y no a zigzagueos de sus alineamientos políticos.

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Prospectivas: El Acuerdo Cívico y Social se fragmentó frente a la propuesta. El socialismo volvió a sus fuentes, el radicalismo borró con el codo trances estimables del pasado. Los diputados que responden a Margarita Stolbizer discutieron mucho acerca de su posición frente al proyecto reformado. La propia referente se apartó del mainstream panradical: era mejor quedarse en el recinto que retirarse, mocionó.

El kirchnerismo desordena a sus rivales cuando tiene iniciativas aperturistas. El diálogo, que menoscabó de mala manera, produjo fisuras. La LSdCA revolvió el avispero. Esas movidas democráticas le son más rentables que las embestidas torpes y frontales.

Muchos de los contingentes aliados del miércoles integran el “setenta por ciento que votó contra el Gobierno”. Honraron sus mandatos, no se casaron con el oficialismo: su aval ante futuras medidas se negociará caso por caso.

¿Aprenderá esa gimnasia el kirchnerismo? No es su fuerte, es parte de su necesidad para repechar en los años por venir.

mwainfeld@pagina12.com.ar

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Para debatir la Ley de Servicios de Comunicación

Amigos, retomamos los envíos MAPAS. Esta vez con una “ficha” audiovisual, formato acorde a la cuestión que busca poner en debate: la presentación al Congreso del nuevo Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Aquello que los grandes medios de comunicación llaman despectivamente “ley de medios K” es en realidad el resultado de una experiencia inédita y compleja de construcción popular. Desde el retorno de la democracia, luchadores y colectivos de distintos ámbitos de la sociedad argentina vienen trabajando y dando batalla para hacer posible una nueva ley que reemplace al decreto-ley de la última dictadura militar y permita que la comunicación sea un derecho y no un negocio para unos pocos.

En los últimos 5 años, conformados en la Coalición por una Radiodifusión Democrática, referentes de la CTA y de la CGT, universidades nacionales, medios alternativos y comunitarios, movimientos sociales, pueblos indígenas, cooperativas y organismos de derechos humanos, discutieron, acordaron y presentaron los 21 puntos básicos para una radiodifusión para la democracia (http://www.coalicion.org.ar/21puntos.zip). Principios que fueron considerados en el anteproyecto presentado el 18 de marzo en La Plata y puesto en discusión en decenas de foros a lo largo y ancho del país. Estos mismos puntos básicos siguen siendo el espíritu de la ley enviada recientemente enviada al Congreso.

En los últimos días, los grandes medios de comunicación y referentes de la oposición política han atacado desde argumentos falaces y de baja calidad la posibilidad de un debate que esté a la altura del proceso que dio luz a esta propuesta. Una falacia central recae en la auto-presentación de las empresas comunicación como adalides de la democracia y como “vehículo para ejercer un derecho fundamental de los ciudadanos” (Editorial de Clarín del día 28 de agosto de 2009). Se trata, más bien, de actores con intereses concretos y no sólo de “vehículos”. Actores que, además, no pueden equipararse a instituciones de la democracia representativa porque simplemente detentan un poder “de hecho”, no democrático. En torno a ese núcleo, la corteza de se completa con argumentos que agitan el fantasma de la censura y la supresión de la libertad de expresión. Paradójicamente, se tilda de iniciativa de “control y manipulación” a un proyecto que propone, por ejemplo, impedir los monopolios y oligopolios de medios de comunicación, haciendo que un mismo titular pueda concentrar sólo hasta 10 licencias de radio y televisión y no 24 (!) como actualmente se permite. Abriendo la posibilidad a otras personas, grupos e, incluso, empresas a acceder a licencias.

Una operación clave del discurso mediático general de los últimos días es LA INVISIVILIZACIÓN EN LAS CRÓNICAS PERIODÍSITICAS Y EN LA CONSTRUCCIÓN DE ARGUMENTOS Y ACONTECIMIENTOS, DE PROCESOS, ACTORES Y VOCES DIVERSOS QUE CONFLUYEN EN ESTE PROYECTO DE LEY. Un punto central es el ninguneo continuo de LA COALICIÓN POR UNA RADIODIFUSIÓN DEMOCRÁTICA como un protagonista colectivo central en la generación de la propuesta. Espacio de articulación y consenso que incluye a actores sociales diversos con intereses y proyectos diferentes.

Van entonces, por esa razón, una serie de videos con testimonios de referentes de la Coalición por una Radiodifusión Democrática. Invitamos a difundirlos y a sumar a la profundización del debate. Los invitamos también a conocer el proyecto final enviado al congreso (http://www.comfer.gov.ar/web/blog/wp-content/uploads/2009/03/ley-final-sin-marcas.pdf), seguramente mejorable y con puntos a discutir, y cotejarlo con los 21 puntos básicos por una radiodifusión democrática (http://www.coalicion.org.ar/21puntos.zip) elaborados y difundidos 5 años atrás por las organizaciones sociales, políticas y culturales con conforman ese espacio.

Equipo Colectivo

Marcha del proyecto de la neuva ley de radiodifusió
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